ESTILO DE VIDA

Reconcíliate con tu prójimo y después lleva tu ofrenda al altar.

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“Por eso, si llevas al altar del templo una ofrenda para Dios, y allí te acuerdas de que alguien está enojado contigo, deja la ofrenda delante del altar, ve de inmediato a reconciliarte con esa persona, y después de eso regresa a presentar tu ofrenda a Dios”. – Mateo 5: 23-24 TLA

Una de las cualidades que, como seres humanos tenemos, es nuestro carácter, ese conjunto de rasgos que nos hace diferente a los demás, y que en gran medida lo heredamos de nuestros padres o algún familiar por medio de los genes.

En nuestro carácter llevamos el orgullo, la soberbia, la ira, la vanidad, etc. Cualidades negativas, y también llevamos la humildad, templanza, bondad, misericordia, etc., cualidades positivas, muchas veces predominan unas más que otras. El ideal sería mostrar siempre cualidades positivas.

La postura que como seres humanos adoptamos es, quien ofendió, es quien debe arreglar las cosas. Para Dios, este asunto no funciona de esta manera. De acuerdo a la cita de hoy, si una persona llega al altar, llevando su ofrenda, pero sabe que alguien le ofendió en algo, debe dejar su ofrenda de un lado para ir a reconciliarse con esa persona, esto es humildad.

Es difícil doblegar el orgullo para ir a reconciliarse con el ofensor, se requiere mucha humildad para dar este paso, que, para muchos resulta difícil, incluso algunos cristianos.

“Pero los que por cualquier supuesta provocación se sienten libres para ceder a la ira o al resentimiento, están abriendo el corazón a Satanás. La amargura y animosidad deben ser desterradas del alma si queremos estar en armonía con el cielo”.El Deseado de Todas las Gentes, 277 (1898).

Quitemos de nuestro ser todo aquello que nos impida crecer espiritualmente, aquello que no honra a Dios.  El apóstol Pedro menciona que debemos humillarnos bajo la poderosa mano de Dios (1 Pedro 5:6), que seamos compasivos unos con otros, ser amigables, que todos seamos de un mismo sentir (1 Pedro 3: 8).

Querido amigo, querida amiga, sabemos de antemano que resulta difícil dar el primer paso cuando sabemos que somos los ofendidos, ya sea que, nuestro ofensor sea un vecino, un compañero de trabajo, un amigo, o incluso, un hermano de la iglesia, al buscar la reconciliación en la ofensa, damos testimonio de quién somos realmente y el ejemplo que seguimos (Juan 13: 15-17), que estamos obedeciendo al mandado divino para poder acercarnos al altar y que nuestra ofrenda sea aceptada.

Con todo esto, nos ponemos a cuentas con Dios, primeramente, con nuestra conciencia y con nuestro prójimo, cuenta que se nos pedirá, (Romanos 14: 12).

El Señor te bendiga.


 

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